La Filosofía, constituye un saber de segundo orden pues, sólo superando el plano epistemológico del conocimiento espontáneo y científico, es posible alcanzar la unidad de sentido y universalidad a la que tiende.
En el contexto educativo la Filosofía de la Educación puede definirse como la aproximación al mundo de los fenómenos educativos desde una perspectiva filosófica. Se encuadra, por tanto, en el ámbito de la Filosofía Práctica pues constituye un saber de la acción, para la acción y desde la acción. En consecuencia, su fin principal no es tanto la contemplación de la realidad educativa como su mejora [G. Amilburu, 2010].
La Filosofía de la Educación no siempre es valorada adecuadamente por parte de los filósofos: algunos la consideran una filosofía “de segunda clase”, porque se trata de una de las ramas de la Filosofía que toma otra actividad humana como objeto de estudio.
El menosprecio hacia la Filosofía de la Educación tiene su origen en los prejuicios de los propios educadores, que la consideran un saber bello pero inútil, incapaz de orientar efectivamente la educación que es una tarea práctica.
La Filosofía de la Educación ha sido denostada desde dos frentes. Por una parte, los filósofos están más interesados en el mundo de las ideas para hacerlas encajar entre sí formando un sistema de pensamiento coherente; por otra, los educadores están volcados fundamentalmente en la realización de una actividad práctica, de la que se exigen efectos beneficiosos inmediatos y mensurables en el ámbito del aprendizaje.
Las críticas no hacen justicia a la Filosofía de la Educación, aunque hay que reconocer que en ocasiones tienen cierto fundamento sobre el que sustentarse porque, los filósofos de la educación urgidos por la necesidad de dar respuestas inmediatas a los problemas concretos que plantea la práctica educativa, descuidan la profundidad y el rigor metodológico que requiere una disciplina filosófica, y no hacen propiamente una Filosofía de la Educación [White, 2003].
Algunos filósofos de la educación se centran exclusivamente en análisis y cuestiones autorreferenciales sobre la propia disciplina. Como ¿Cuál es la naturaleza de esta materia?, la definición de su estatuto epistemológico, sus vinculaciones con otras ciencias, el lugar que le corresponde en el conjunto de los saberes filosóficos o pedagógicos, etc. [Haldane, 1989]-.
Esto supone, una realidad o una “Reflexión sobre la reflexión acerca de la educación”.
Una meta de la Filosofía de la Educación, carente de interés para los educadores, que aleja a la disciplina del ámbito de la práctica educativa real y de las preocupaciones concretas de sus protagonistas.
En el mejor de los casos, se pudiera tratar de una sistematización abstracta sobre temas académicos, sin incidencia en la educación tal y como la experimentan sus protagonistas (padres, profesores y alumnos) en su actividad diaria. A pesar de estas críticas, es admitido que existe una Filosofía de la Educación implícita en las obras de muchos filósofos desde Platón a Gadamer, que constituye, en algunos de ellos, el núcleo de su pensamiento.


Excelente trabajo 👌
ResponderBorrarMuy buenas aportaciones, se maneja información relevante del autor y se cuida la facilidad de redacción para el lector
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